Koninginnedag y Koninginnenacht, la fiesta parda en naranja

Miércoles, 14 Mayo , 2008

Desde que empezó la aventura del Erasmus en Holanda, todos hemos pensado una cosa: esta no es la Holanda que nos habían vendido. Mientras todos pensamos que este país es un ejemplo de vicio, perdición, locura y fiesta, los holandeses tienden a ser estrictos, muy formales con las normas y leyes y poco dados a desmelenarse a lo bestia. Sí, tienen barrios rojos y puedes comprar algunas drogas, pero aquí te cae la de Dios si te ven bebiendo una cerveza por la calle o si los vecinos se quejan del ruido pasadas las diez de la noche. Y durante todo este tiempo, los amiguetes que han estado en este país por más años nos han estado avisando: espérate al día de la reina, y verás. Y vaya si hemos visto.


Resumen Koninginnenacht (1/2).

El Día de la Reina, Koninginnedag en holandés, es la fiesta que el 30 de abril celebran los holandeses por el cumpleaños de su Reina. Pero si miras en Wikipedia lees que el cumpleaños de la Reina Beatrix es el 31 de enero. Bien, esto tiene una explicación sencilla. Ya he dicho que el cumpleaños de la Reina es una fiesta increíble (luego me meto a fondo con este tema), y la mayor parte de la gracia es la fiesta en la calle. Pero en Holanda el 31 de enero hace un frío que te cagas, y no mola mamarse en la calle para celebrar nada. Así que en un alarde de complacer a sus súbditos y no perder toneladas de turistas dispuestos a tajarse y drogarse dejándose sus buenos euros, la fiesta se sigue celebrando el día del cumpleaños de la madre de la Reina (es decir, de la ex-Reina), que el clima es mucho mejor.

Pero vamos con la fiesta. La cosa empieza la noche del día 29, en lo que se conoce como la Noche de la Reina (Koninginnenacht), y lo típico es pasar la noche en La Haya (donde vive la Reina) y el día siguiente en Ámsterdam (capital del vicio). Bueno, pues la Koninginnenacht para nosotros empezó de manera muy especial, porque volvieron muchos de los Erasmus que tuvieron que volverse a sus países en Navidad. Una alegría volver a juntarnos, y una pena que haya durado tan poco tiempo.


Resumen Koninginnenacht (2/2).

Pero lo que no esperábamos, por más que nos lo habían avisado, era que toda la ciudad se volcase con la fiesta de esa manera. Siete escenarios con música en directo, miles de personas de todas partes del mundo, un ambiente increíble y unas fuerzas policiales dedicadas a evitar que hubiese problemas excesivos pero permitiendo todo lo que está absolutamente prohibido el resto del año. En fin, un fiestón.

Y pese a la noche larga, increíble y agotadora, al día siguiente había que levantarse medianamente temprano para ir a Ámsterdam. El Koninginnedag amenazaba con ser algo muy digno de recordar, y sin duda alguna lo fue. Empezando por el tren, lleno de gente hasta la bandera. De gente de naranja, bebiendo y fumando en el tren y sin noticias de revisores o seguridad que pusiese un mínimo de orden. Y esa experiencia, ya de por sí flipante, se quedó en nada en cuanto pisamos la ciudad.


Resumen del Koninginnedag (1/2).

Aún se podían ver (y oler, lo que resultaba menos agradable) los restos de la fiesta de la noche anterior, que para mucha de la gente que iba por las calles debía de ser en realidad parte de la misma fiesta. Los siete escenarios de La Haya se quedaban en nada comparados con la fiesta que cada bar había montado en Ámsterdam. Era imposible dar tres pasos sin pasar por varios mini-escenarios improvisados en las ventanas de los bares que no dejaban de servir comida y bebida y poner música. A ratos se nos hacía difícil andar… por supuesto el grupo se iba deshaciendo cada poco timepo y teníamos que ir parando para volver a juntarnos. Y la primera parada larga la llevamos a cabo en un bar cuya pancarta nos ofrecía todo lo que pedíamos.


¿Para qué más?

Y es que, aunque durante los dos días el botellón estuvo más que permitido, sigue teniendo problemas: hay que cargar las bebidas, y además se van calentando. Por cierto, que la normativa vigente para esos días decía que estaba permitido ir por la calle con un envase de alcohol. Eso significa que podías llevar un chato vino, un mini de sangría, una botella de kalimotxo o un barril de cerveza, pero sólo uno (lo demás, en la mochila). En cualquier caso, nunca están demás las paradas en los bares, sobre todo cuando tienen buena musiquita y hay tan buen ambiente.

Pero tampoco era plan de quedarse en un sitio toooooooodo el día, así que al cabo de un par de horas retomamos nuestro camino hacia Museumplein. De camino seguimos disfrutando de la marea naranja, de los canales llenos de barcos llenos de gente de fiesta, de los puestecitos de comida y de otra parada larga en Leidesplein, donde teníamos un escenario de música y puestos de comida y bebida (sí, somos de fácil contentar).


Estos sí que se lo montaron bien.

Y sí, al final llegamos a Museumplein, uno de los escenarios principales donde grandes estrellas de la música holandesa tocaban para una purrela de gente que apenas se podía mover. Kane primero (rock) y David Ghetta después (que les gusta el bacalao a los holandeses, jodo) se encargaron de poner el punto final a la fiesta oficial. Cosa curiosa que después de la koniginnenacht y el koniginnedag la fiesta se acaba a las 22h., pero ya digo que los holandeses son muy estrictos y si a han dicho que a las 22 a las 22 se acaba, que al día siguiente hay que ir a trabajar. Tal es la cosa que a las 22:05 llegaban los camiones de limpieza.


Resumen del Koninginnedag (2/2).

Y cierto es que la fiesta seguía con la impresionante feria en la plaza del Dam, o en las decenas (si fuese España serían centenas) de bares que, ya sin nada fuera, seguían con la música y las cervezas; pero dos días enteros de fiesta brutal y la perspectiva de una hora de casi una hora de camino hasta casa fueron suficientes para que cogiésemos el tren a las 00:45.

En fin, cuando tenga tiempo montaré los vídeos que hay de estos dos días deliciosos, que poco tienen que envidiar a los San Fermines (además, no hay toros que te empitonen, con lo que eso fastidia el buen rollito). Y esto sirve para reafirmarme en mis ideales: la monarquía no es mi sistema político favorito, pero tiene sus puntos.


Amores Perros, quizá demasiados perros….

Domingo, 4 Mayo , 2008

Yo soy un calcetín de mundo, y el tema de los idiomas tengo que reconocer que cada vez me gusta más. Y entre esos idiomas yo cuento el argentino, porque si bien es Español del que les llevamos para allá hace ya un tiempo, hay que reconocer que han conseguido darle un tono la mar de gracioso y simpático, con el que se liga un montón en España (y de eso doy fe). Así que si a eso le juntamos que saben hacer buen cine, no pierdo oportunidad de ver pelis argentinas. Tanto, que incluso me pongo a ver pelis mexicanas y pienso que son argentinas, como me pasó con Amores Perros (gracias Vir…). Además, es mucho más triste de lo que parece, ya que esta peli es bien conocida y recomendada por todo el mundo… y sobre todo que el título promete la aparición estelar de los mejores amigos del hombre. Así que, como no podía ser de otra forma, la vi.

Y desde el principio queda bien claro el protagonismo de los perros. Cosa que me encanta, pero en esta peli realmente me gustaría ver los documentos que certifican que ningún animal sufrió daño alguno durante el rodaje, porque a la mayoría de los perros los machacan. Me parece mucho más agradable pensar que los perros son mejores actores que la mayor parte de los humanos del mundo y que debería haber un Oscar para los maquilladores de perros.

Aparte de eso, la película empieza muy muy bien. El problema es que en vez de contar sólo la historia con la que empieza y que engancha te cuenta tres historias mínimamente entrelazadas, una tras otra. A mí la primera historia me parece genial, y la segunda me gustó bastante. La de en medio, sin llegar a ser aburrida, es mucho más parada y menos tensa que las otras dos, con lo que me pareció flojilla… y por tanto la peli se me hizo un poco demasiado larga. En cualquier caso, la forma de contar las tres historias es casi perfecta, con actores que parecen estar haciendo de sí mismos todo el rato y un tono general de la imagen, los movimientos y las transiciones que hacen que te creas todo todito si lo ves en el canal del National Geographic.

Por seguir demostrando lo que valoramos los calcetines la buena música y las bandas sonoras, de la de Amores Perros puedo decir que hay un par de canciones muy buenas (en la primera historia la escena del baño entre el chico y la chica, y en la tercera historia la música para acompañar al mendigo/loco/asesino/buena persona), pero para mi gusto debería ser algo más constante en vez de dejarse notar sólo en momentos puntuales (aunque claro, eso le roba realismo a toda la peli).

En resumen, Amores Perros es una buena película, pero para mi gusto podían haberla hecho aún mejor centrándose en la primera y la tercera historia (dejando de prota total al rottweiler) o entrelazando mejor las tres. Vedla y decidid vosotros mismos.


A los peluqueros del mundo

Jueves, 24 Abril , 2008

Esta vez mi cacho carne le ha echado un valor sobrenatural a la vida. Él tiene el pelo largo, y pasa un miedo increíble cada vez que se da cuenta de que, aunque no quiera, ha llegado la hora de ir a la peluquería para arreglarlo un poco. Y es que a mi cacho carne le encanta su pelo, y le encanta cómo le queda largo, así que siempre teme que se lo corten demasiado y tenga que volver a pasar por aquella fase tan graciosa (vista desde fuera) en que decidió dejárselo largo y tenía en la cabeza un amasijo de rizos indomable. Y la situación se agrava estando de Erasmus en vez de en casita, por la dificultad de conectar con el peluquero.

En Diciembre recurrió a Hélène, una amiga canadiense. Puestos a arriesgar, mejor ahorrarse diez euros para gastártelos en cerveza para olvidar. Y la verdad es que Hélène corta el pelo muy bien, y con diez euros te puedes tomar con ella varias birras para celebrarlo. El problema es que ella está otra vez en Canadá, y si bien el corte de pelo sigue siendo gratis el billete de avión cuesta una pasta.


Hélène también nació con las tijeras en las manos. Pero más hábil: no se corta al rascarse.

Así que hace un par de semanas, cuando llegó el momento otra vez, el cacho carne empezó a sentir sudores fríos. Si los peluqueros españoles no entienden cosas como “no lo cortes mucho de largo, pero descargarlo todo lo que puedas porque si no se infla y parezco una Menina de Velázquez” atrévete a explicarlo en inglés. De hecho su vecino fue a un peluquero y acabaron pasándole la máquina por toda la cabeza, cosa que en nuestro caso habría acabado con el peluquero sin ojos y mi cacho carne en la cárcel.

Pese a que una amiga española (Laura) se lo curró un montón, no tenía el material adecuado para descargar el pelo, así que al final tuvimos que ir a la pelu. La gracia de la pelu era que la peluquera en cuestión era dominicana (de nombre Josefina) y hablaba español, con lo que al menos podías entenderte con ella y, si hace falta, acordarte de su madre dominicana. Además, la gente había salido contenta y mi cacho carne iba acompañado de una amiga que a la que le hacía tanta falta como a él ir y estaba casi más acongojada.

Pero resulta que el peluquero de chicos no era Josefina, sino un holandés. Un holandés que ni siquiera hablaba inglés. Lo primero fue explicarle lo que mi cacho carne quería, para lo que recurrieron a Josefina. Mientras Josefina traducía al holandés en tono de pregunta, mi cacho carne y su amiga se quedaron más que asustados con la mirada de miedo en la cara del peluquero, ya que tanto él como Felisa miraban el pelo de mi cacho carne con cara de “este es el Everest, colega, y hoy te toca subirte hasta arriba”. El final de la conversación sí fue comprensible para mi cacho carne, y tampoco resultaba tranquilizadora: el peluquero afirmó con la cabeza y, un tanto indeciso, dijo “Ja, ik kun” (traducción: sí, puedo).


Te subes ahí y me igualas las puntas, salao.

Mi cacho carne, deseoso de no enemistarse con quien va a pasar objetos afilados cerca de sus orejas (a las que aprecia incluso más que a su pelo), intentó hablar en inglés y exprimir al máximo su holandés, pero no hubo suerte. Si bien es capaz de ir a un bar y pedir cervezas en semejante idioma, no está preparado para discutir la longitud y el número de capas que quiere en su pelo.

Así que el holandés peluquero se puso a trabajar. Al principio parecía que todo iba bien: se estaba limitando a descargar el pelo a base de navaja, que era la idea y lo que se suponía que Josefina le había transmitido. Pero al cabo de media hora de proceso mi cacho carne se iba asustando, y veía que sí le estaban cortando de largo más de lo acordado, y que en media hora da tiempo a cortar mucho pelo. Como el chico parecía majo, y parecía haber aprovechado todo el tiempo en el que no había estudiado idiomas para estudiar peluquería, le fue dejando hacer. Y qué cuernos, pregunta tú en holandés “perdona, ¿no crees que ya lo has descargado suficiente y que estás cortando mucho de largo?”.

El tiempo pasaba y el peluquero seguía entresacando mechones y mechones. Además, hacía cosas como intentar abrir la puerta con el pie mientras la navaja y el peine seguían en la cabeza de mi cacho carne. Pero todo iba bien y el resultado parecía bueno. Hasta que, llegados al final, el peluquero empezó a alisar el pelo de mi cacho carne. El sentimiento de impotencia y las ganas de dominar el holandés llegaron al máximo, pero no había nada que hacer. Y, en defensa del peluquero, hay que decir que hizo un gran trabajo, salvo por el odio que tiene mi cacho carne a que le alisen el pelo. Y es algo que los peluqueros no parecen entender, se lo digas en el idioma que se lo digas. Al día siguiente, bien rizado el pelo, quedó muy bien. Bravo por el peluquero monolingüe.


Este sí es un buen corte de pelo.

Pero este es mi llamamiento a los peluqueros del mundo: ¿qué demonios os pasa? El alisado del pelo es un proceso largo, doloroso, dañino para el pelo y encima, en casos como el de mi cacho carne, inútil ya que su pelo volverá a rizarse al cabo de dos horas por más potingues que le eches. Sé que el problema es que a la mayor parte de la gente no le mola su pelo (que se joropien), pero esa manía de rizar el pelo liso y alisar el rizado es digna de la guillotina. Creo sinceramente que el sindicato de peluqueros debería exigir más horas de la clase “escuchar al cliente y hacerle caso en vez de hacer lo que me salga de los huevos”, así como ser más consciente del daño que puede hacer (físico, moral y al bolsillo).